En medio de una crisis de proporciones épicas, Sudán conmemora un doble aniversario de revolución y guerra

02/05/2025

Este abril, Sudán conmemoró un doble aniversario: el primero, la revolución de 2019 que derrocó el régimen represivo de décadas del presidente Omar al Bashir; el segundo, el estallido de la guerra civil que ha devastado el país desde 2023. Estas efemérides de tanto contraste traen consigo grandes esperanzas y un profundo dolor. También plantean preguntas apremiantes: ¿Cuánto tiempo tendrá que sufrir Sudán mientras la atención mundial parece darles la espalda? ¿Hasta cuándo seguirán silenciadas las voces de los sudaneses que anhelan la paz y la justicia?

El 11 de abril de 2019, el presidente Omar Al-Bashir fue derrocado tras meses de protestas masivas y pacíficas que exigían libertad, justicia y paz. Este momento fue crucial en la historia del país. Tras años de lucha y sacrificio, Sudán finalmente dio sus primeros pasos importantes para poner fin a décadas de dictaduras sucesivas y conflictos superpuestos, construir una sociedad democrática e impartir justicia.

Cuatro años después, casi con la misma precisión, se detuvieron abruptamente los esfuerzos por lograr el futuro pacífico, justo y dirigido por civiles que los sudaneses anhelaban durante la revolución y el período de transición que le siguió. Comenzó otra guerra brutal que envolvió rápidamente a toda la nación, instalando una realidad amarga y desgarradora. Una vez más, millones de sudaneses se ven atrapados en medio de combates despiadados y sometidos a violaciones de derechos humanos a una escala alarmante.

Según las Naciones Unidas, la crisis humanitaria y de desplazamiento en Sudán es la peor del mundo hoy. La violencia de los últimos dos años ha herido o causado la muerte a cientos de miles de hombres, mujeres, niños y niñas sudaneses. Aproximadamente la mitad de la población necesita asistencia humanitaria y uno de cada tres sudaneses está desplazado.Se ha declarado la hambruna en diez áreas, y han surgido informes de genocidio en el país por segunda vez en dos décadas. Los niños son los más afectados, ya que el conflicto probablemente afectará su salud física y mental, su desarrollo social y su educación a largo plazo. A pesar de todo esto, la mayoría de los medios de comunicación internacionales han informado insuficientemente sobre esta tragedia en desarrollo.

Por su parte, el ICTJ ha estado activo en Sudán desde antes del período de transición, apoyando al pueblo sudanés en sus aspiraciones de una justicia transicional integral que aborde las causas profundas y las consecuencias de las múltiples crisis del país. En Sudán, este proceso de justicia transicional debe considerar la diversidad de la sociedad y contribuir a un diálogo nacional inclusivo destinado a generar consenso sobre el camino a seguir. El ICTJ ha promovido el diálogo inclusivo en Sudán brindando asesoramiento técnico al gobierno de transición y convocando debates estratégicos que reúnen a actores de todas las regiones y de todas las divisiones sociales, étnicas, políticas e ideológicas.

El ICTJ también ha capacitado a una amplia gama de actores sudaneses en temas y herramientas de justicia transicional. Esto incluye a víctimas y sus familias; representantes de organizaciones de la sociedad civil, asociaciones de mujeres, partidos políticos y grupos de resistencia; así como periodistas, artistas, educadores y profesionales de la salud mental. El ICTJ cree que los sudaneses de todos los ámbitos deben tener voz y voto en el futuro de su país y asumir la responsabilidad de cualquier proceso de justicia transicional.

A lo largo de estos dos años de conflicto, los actores sudaneses han seguido priorizando la verdad, la justicia y la reparación, reconociendo que las injusticias del pasado que continúan sin ser abordadas son las que impulsan la violencia actual. El ICTJ ha abierto un espacio para que los sudaneses reflexionen sobre las lecciones del período de transición del país y comiencen a desarrollar estrategias innovadoras y medidas de justicia transicional. Mientras la guerra continúa, establecer una agenda liderada por la población civil para poner fin a la impunidad generalizada, brindar reparación a las víctimas y descubrir la verdad no tiene por qué esperar. Dicha agenda es esencial para construir una sociedad cohesionada que pueda superar el pasado y prevenir futuros ciclos de violencia.

En este tenso doble aniversario, el ICTJ renueva su compromiso de apoyar al pueblo sudanés en su búsqueda de la justicia, la paz y la restauración de un gobierno civil democrático. La comunidad internacional, académicos, periodistas, artistas y ciudadanos comunes no deben ignorar la trágica situación en Sudán. En cambio, debemos unirnos y exigir una solución política para detener la guerra y establecer un proceso de justicia transicional inclusivo, basado en las prioridades del pueblo sudanés. Sudán merece la atención mundial y acciones concretas para poner fin a la violencia y hacer realidad las aspiraciones de su pueblo a un futuro pacífico, justo y democrático.

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FOTO: Ciudadanos sudaneses se reúnen frente a los edificios gubernamentales en Jartum para celebrar la firma final del borrador de la declaración constitucional entre representantes militares y civiles el 19 de abril de 2019. (Voice of America/Wikimedia Commons)