La caída del régimen de Asad marca el comienzo de una transformación largamente esperada en Siria. Por primera vez en décadas, se ha abierto un espacio para hablar libremente sobre justicia, rendición de cuentas y reconciliación. Es un momento lleno de incertidumbre y dolor, pero también de inmensa esperanza.
Como una siria que ha trabajado durante diez años en el campo de la justicia transicional, siento personalmente la importancia de este momento. Después de 14 años, finalmente pude regresar a casa. Sin embargo, millones de personas siguen desplazadas y gran parte del país está en ruinas: hospitales, escuelas, barrios enteros... desaparecidos. La justicia no solo tiene que ver con la rendición de cuentas penal, sino también con la reconstrucción de una Siria donde la gente pueda vivir con dignidad.
¿Cómo podemos garantizar que no se borre la verdad del pasado de Siria? ¿Cómo podemos honrar a quienes han sufrido y asegurarnos de que sus voces guíen esta transición? ¿Y cómo podemos crear un futuro basado en la justicia y la reconciliación en lugar de ciclos de venganza? Estas son las preguntas que debemos responder juntos.
Las cárceles, los centros de detención y las fosas comunes del régimen de Asad guardan las historias de innumerables vidas perdidas a causa de la violencia y la opresión. Estos lugares no son sólo vestigios del horror, sino pruebas irrefutables. Su conservación es esencial, no sólo para que los perpetradores rindan cuentas, sino para garantizar que las generaciones futuras nunca olviden. Sin ello, no se podrá reconstruir la confianza y la reconciliación seguirá siendo un sueño lejano.
Durante años, las familias de los desaparecidos y detenidos han luchado contra un silencio insoportable. No sólo han buscado respuestas, sino dignidad. Su sufrimiento no debe ser ignorado. No son sólo víctimas, son la brújula moral del futuro de Siria. La justicia no es un privilegio, es un derecho y una necesidad. Sus demandas de verdad y rendición de cuentas deben ser respondidas con acciones concretas.
Millones de sirios desplazados sueñan con regresar a sus hogares, pero muchos no encontrarán nada cuando lleguen allí. Se han destruido casas, se han confiscado tierras y se han anulado estatus legales. Abordar estos desafíos no es opcional, es fundamental para la recuperación de Siria. El gobierno debe priorizar la seguridad de la vivienda, las protecciones legales y los esfuerzos de reintegración, o el país corre el riesgo de caer en nuevos ciclos de violencia e inestabilidad.
La justicia no es un acontecimiento, es un proceso. Requiere claridad, confianza y un compromiso inquebrantable con la verdad. Los responsables de las violaciones más graves deben rendir cuentas, pero la justicia también implica reconstrucción. Las heridas de este conflicto son profundas, y la sanación debe ir de la mano de la rendición de cuentas. Por lo tanto, debemos construir un sistema que imparta justicia y permita a la vez que las personas sanen.
El 1 de febrero de 2025 se hizo historia. Las familias de los desaparecidos y detenidos se reunieron directamente con el presidente de transición y el ministro de Asuntos Exteriores de Siria. Sus voces, silenciadas durante mucho tiempo, finalmente fueron escuchadas y reconocidas en los niveles más altos del gobierno. Exigieron acciones, no palabras. El gobierno de transición se comprometió a establecer un organismo dedicado a abordar sus preocupaciones, en ese mismo momento. Ese momento confirmó lo que siempre hemos sabido: el cambio sostenible debe comenzar por brindar una plataforma y escuchar a quienes más han sufrido.
El camino a seguir está en manos de los sirios, que deben tomar la iniciativa. La justicia, la rendición de cuentas y la reconciliación requieren la orientación de la sociedad civil siria y de los grupos de víctimas, con el apoyo de la comunidad internacional. No será fácil. Habrá reveses y ajustes de cuentas dolorosos, pero por primera vez en años hay una esperanza genuina, no sólo de una Siria diferente, sino de una mejor, construida sobre la justicia, la verdad y las aspiraciones de quienes nunca se rindieron.
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FOTO: Los sirios celebran la caída del régimen de Assad en Damasco el viernes 13 de diciembre de 2024. (Hussein Alioui)